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Florida es la “Suecia” de los Estados Unidos en el combate al coronavirus

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Florida reportó los primeros dos casos de coronavirus el 1 de marzo y el gobernador Ron DeSantis declaró la emergencia de salud pública en el estado. Ante la proliferación de los contagios, ordenó el cierre de bares y discotecas el 17, y de restaurantes tras días más tarde. Pero se negaba a dictar un confinamiento general de la población, como habían hecho otros estados.

DeSantis, un republicano aliado de Donald Trump, empezó a ser cuestionado por seguir al presidente en un abordaje que, según sus críticos, priorizaba la economía en detrimento de la salud. Es la muletilla que se popularizó al comienzo de la pandemia, bajo el supuesto de que el desempleo y la pobreza no tienen impacto sobre la salud. Finalmente, con 7.700 casos y 101 muertes acumuladas, el Gobernador decretó el 1 de abril la orden de permanecer en el hogar, salvo para actividades esenciales.

Como la circulación viral era relativamente baja en comparación con los estados del nordeste, las medidas fueron efectivas. Mientras Nueva York superaba los 11.000 contagios y las 900 muertes por día a comienzos de abril, Florida contaba apenas arriba de 1.000 casos y no llegaba a los 50 decesos diarios. La comparación entre estos estados es pertinente porque tienen casi la misma población: Nueva York, 19,4 millones de habitantes, y Florida, 21,4 millones.

Como ocurrió en California y en Texas, los otros dos grandes estados del país, el estallido se produjo entre dos y tres meses más tarde, cuando se flexibilizaron las restricciones y el virus comenzó a propagarse con mayor facilidad. A esta altura de la pandemia, parece claro que los confinamientos tempranos sirven para contener el virus solo por un tiempo, porque la propia dinámica de las sociedades del siglo XXI hace inviable un encierro masivo prolongado. Aunque muchos expertos y decisores no están convencidos de eso.

“Creo que la reapertura del estado por fases podría haber funcionado bien, pero simplemente se avanzó con demasiada rapidez a través de las etapas y no se detuvo el proceso cuando se hizo evidente que los casos estaban aumentando a principios de junio. En Florida, como en tantos otros estados del país, se subestimó la capacidad de las personas para cumplir con el uso de las mascarillas y con el distanciamiento social”, dijo a Infobae Cindy Prins, profesora de epidemiología de la Universidad de Florida.

El 20 de julio, Florida superaba ya las 11.000 infecciones diarias confirmadas, como Nueva York en su peor momento. Sin embargo, las muertes —tomando un promedio de siete jornadas consecutivas— nunca superaron las 180, menos de la quinta parte del máximo neoyorquino. Una razón es que por el carácter aluvional que tuvo la primera ola del coronavirus, es probable que la tasa de detección de casos fuera muy inferior. Así que los 11.000 de abril son un número mucho más alejado de la realidad que los 11.000 de julio.

La segunda razón es mucho más importante. Una de las pocas certezas que hay en torno al covid-19 es que el daño que causa varía enormemente de acuerdo con la edad. Entre los mayores de 60 años es mucho más letal que la gripe estacional, pero entre los niños es incluso menos mortal que esta. Esto ya se sabía en julio. De modo que las personas más jóvenes aprovecharon el relajamiento y volvieron a socializar en bares, restaurantes y playas, pero las mayores siguieron tomando precauciones. Como resultado, ya no se contagiaron todos por igual, como había ocurrido al principio, sino que las tasas de infección empezaron a ser mucho más altas en la base que en la cúspide de la pirámide demográfica.

“Al principio, un gran número de personas vulnerables murieron de covid en los asilos de ancianos. Esto nos alertó sobre la vulnerabilidad de esta población y se instituyeron controles muy estrictos. Además, se tomaron otros recaudos con los grupos de edad avanzada. Como resultado, ahora son las personas más jóvenes, que van a estudiar o a trabajar, las que asumen riesgos, las que tienen mayor movilidad y las que están representando la mayor parte de los casos. Dado que tienen menores probabilidades de padecer síntomas graves, las muertes por millón disminuyen. Pero, por más esto sea algo bueno, la enfermedad en los jóvenes también puede tener efectos graves”, explicó Jill Roberts, profesor del Colegio de Salud Pública, Global y Planetaria de la Universidad del Sur de la Florida, consultado por Infobae.

Este rasgo distintivo del nuevo coronavirus permite hacer una estrategia diferenciada por edad. Eso es lo que hizo Suecia, que, entre otras cosas, no cerró nunca las escuelas, pero sí restringió las visitas a las residencias de adultos mayores —tras haber cometido graves descuidos al inicio—. Un camino similar comenzó a transitar Florida en los últimos meses.

DeSantis empezó a darle forma al cambio de estrategia en agosto, tras una reunión con Scott Atlas, un polemista, miembro de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, recientemente incorporado al equipo de asesores de la Casa Blanca en la lucha contra el covid. Atlas, defensor del abordaje sueco, cuestionó en el encuentro que mantuvo con el gobernador la política de testeos masivos. En lugar de aislar a miles de jóvenes asintomáticos, dijo, conviene concentrar los esfuerzos de detección en los hospitales y en los asilos. DeSantis se mostró de acuerdo con esa opinión.

El cambio de rumbo fue oficializado el 25 de septiembre, cuando anunció sorpresivamente un adelantamiento de los plazos establecidos para la reapertura del estado. “No creo que el cierre de restaurantes haya demostrado ser efectivo (…) Y no se puede aceptar que esos negocios mueran”, afirmó el gobernador al notificar que los restaurantes y los bares podrían volver a operar a pleno, sin necesidad de respetar la restricción del 50% en interiores.

“No creo que el enfoque de Florida haya sido pensado para tratar de lograr la inmunidad comunitaria como el de Suecia —dijo Prins—. Pero en la reapertura, el estado se enfocó en mitigar el impacto económico de las restricciones por el covid, una preocupación similar a la de Suecia. Creo que se puede mantener un equilibrio entre la protección de la salud pública mediante el establecimiento de algunas restricciones y, al mismo tiempo, permitir que muchas actividades avancen si se puede reducir el riesgo de transmisión. Pero creo que tanto Florida como Suecia han tendido a inclinar la balanza más hacia las inquietudes económicas, en detrimento de las sanitarias”.

El Gobierno autorizó a las empresas a volver a convocar a sus empleados a los lugares de trabajo y habilitó el uso de transporte público para trabajadores no esenciales. También autorizó la apertura de parques temáticos, con protocolos de distanciamiento social. Sin embargo, a las personas mayores de 65 años les pidió que mantengan todos los cuidados posibles y traten de evitar lugares en los que la distancia sea imposible de mantener.

DeSantis dijo también que el cierre de escuelas debería estar descartado ya, luego de las sobradas muestras del daño prácticamente nulo causado por el covid en los niños y de la baja tasa de transmisión de estos a los adultos. Este martes, cuando le preguntaron por dos escuelas de Jacksonville que cerraron preventivamente ante la aparición de algunos casos, respondió categóricamente: “Las clausuras no hacen nada para mitigar la enfermedad, pero sí causan un daño catastrófico al bienestar físico, mental y social de nuestra juventud. No repitamos los errores del pasado”.

La misma postura expresó en relación a las universidades, donde el panorama es diverso. Algunas volvieron a realizar la mayoría de sus actividades de manera presencial, pero otras mantienen la enseñanza virtual o esquemas mixtos.

DeSantis habló a favor de 11 estudiantes de la Universidad Estatal de Florida que fueron suspendidos y arrestados por ir a una fiesta en agosto. “Creo que es draconiano que un alumno pueda ser potencialmente expulsado por ir a una fiesta. Eso es lo que hacen los universitarios, y el riesgo que enfrentan es bajo. Creo que debemos ser razonables y concentrarnos en donde está el riesgo más significativo”, dijo.

Por otro lado, cambió la política oficial hacia el uso de mascarillas. Si bien nunca se había decretado su uso obligatorio a nivel estatal, muchos condados lo habían hecho, estableciendo multas para quienes incumplieran. Ahora suspendió el cobro de esas penalidades. “Creo que tenemos que dejar de castigar a la gente y tratar de trabajar constructivamente”, dijo DeSantis.

La posición oficial del gobierno es que solo habría que ponerse mascarilla en espacios cerrados en los que no se pueda mantener la distancia. El argumento es que su uso no disminuyó las tasas de contagio en los países en los que se dispuso. De hecho, la Agencia de Salud Pública de Suecia no las recomienda y la mortalidad por millón está allí por debajo de muchos países en los que es obligatoria, como España, el Reino Unido, Italia o Argentina, donde el uso es generalizado desde que tenía niveles de infección y mortalidad muy inferiores.

Pero Roberts diferencia a Florida de Suecia, por considerar que la estrategia del país del norte de Europa fue “extrema en todos los sentidos”. “Se desalentó el uso de máscaras, no hubo cierres, las escuelas permanecieron abiertas, no se hizo rastreo de contactos, no se aisló a las personas expuestas y se hicieron muy pocos testeos. Florida no emitió una orden de usar máscara a nivel estatal, pero la mayoría de los condados sí. En Florida hubo un confinamiento, pero fue más tardío que el del resto del país y se levantó antes. Florida cerró las escuelas en primavera, pero las reabrió en otoño. Florida está haciendo rastreo de contactos y muchos testeos, aunque el tiempo de respuesta puede ser demasiado largo”.

Jason L. Salemi, epidemiólogo de la Universidad del Sur de la Florida, coincidió con Roberts en su crítica al enfoque sueco. “Aunque Suecia tomó algunas precauciones, como limitar las reuniones públicas a 50 personas, no cerraron gimnasios, restaurantes, bares y otros lugares donde la amenaza de contagio es alta. Ni siquiera recomendaron usar máscaras. Parecen intentar que la vida transcurra sin impedimentos, reconociendo que muchas personas morirán inevitablemente, con la esperanza de alcanzar un nivel de inmunidad de rebaño más rápido, permitiendo que las personas sanas se infecten. Evidentemente, es muy poco probable que la inmunidad de grupo ocurra en la mayoría de los lugares sin una vacuna eficaz, y el costo de relajar los esfuerzos de mitigación daría lugar a que muchas personas mueran innecesariamente”, sostuvo Salemi en diálogo con Infobae.

Pero DeSantis afirma que su posición no es anticiencia, como lo acusan sus detractores, sino que se basa en las evidencias disponibles y en las recomendaciones de académicos muy respetados, que no coinciden con los lineamientos de la OMS. El Gobernador participó el mes pasado de una mesa redonda con Martin Kulldorff, epidemiólogo de la Universidad de Harvard; Jayanta Bhattacharya, profesor de medicina de la Universidad de Stanford; y Michael Levitt, premio Nobel de Química.

Los tres vienen cuestionando la respuesta global a la pandemia, especialmente los confinamientos, por su escasa efectividad más allá del corto plazo y sus devastadores consecuencias sobre la salud mental y física en el largo plazo. Junto a Sunetra Gupta, epidemióloga de la Universidad de Oxford, Kulldorff y Bhattacharya son los impulsores de la Declaración de Great Barrington, que propone una estrategia focalizada en proteger a la población vulnerable, mientras el resto de la sociedad regresa a una vida más normal.

En una entrevista reciente con Infobae, Kulldorf defendió el camino elegido por el gobierno de Florida y lamentó que la discusión sobre la mejor manera de afrontar esta enfermedad haya sido víctima de la polarización política. El debate se degradó al punto de que quienes están en contra de Trump sientan que deben respaldar los confinamientos para no ser acusados de apoyarlo, y de que quienes están a favor de él deban oponerse a cualquier estrategia de contención, para defenderlo de sus adversarios.

“Parece ser que tu apoyo a determinada estrategia para la pandemia depende de tus creencias políticas o tu ideología —dijo Kulldorf —. A veces bromeo, porque en la primavera yo defendía el enfoque sueco, y su primer ministro (Stefan Löfven) es del Partido Socialdemócrata, así que supongo que entonces yo era un socialista. Pero ahora, como he defendido a gobiernos como el de Florida y Dakota del Sur, que están desarrollando una estrategia diferenciada por edad, parece que en unos pocos meses he pasado de ser socialista a ser republicano”.

Bhattacharya, que también fue entrevistado por Infobae, recalcó la importancia de que los cuidados se concentren en las personas de más edad. “Les pedimos a los jóvenes que detengan su vida para proteger a los mayores, pero esa es una manera muy ineficiente de hacerlo. Hay otros mecanismos. A las personas mayores ya les pedimos que restrinjan sus vidas, que hagan cuarentena, que se queden en sus casas. Incrementemos el apoyo a esos grupos en asilos y en otros lugares. Mientras, la circulación comunitaria del virus entre los jóvenes tendrá poco efecto en la vida de esas personas que ya están en cuarentena. Creo que ese tipo de políticas por edad son más consistentes con la ciencia”.

Ningún análisis de las estrategias sanitarias en los Estados Unidos puede prescindir del federalismo que distingue al país. Así como las políticas varían mucho de un estado a otro, también hay diferencias importantes entre un condado y otro del mismo estado. Es lo que ocurre en Florida, donde más allá de las decisiones del gobernador, algunos alcaldes están optando por un enfoque más restrictivo, manteniendo límites a la ocupación de bares y restaurantes, y continuando con la recomendación de usar mascarillas.

Las diferencias de criterio se están convirtiendo en un potencial foco de conflicto. DeSantis quiere que los distritos que no permitan el funcionamiento pleno de locales de comida den una justificación y expliciten el costo que eso tendría para los comercios.

“Hubo gran variabilidad en las estrategias de mitigación y en su flexibilización gradual a lo largo del país —dijo Salemi—. Esa variabilidad existe incluso dentro de Florida. Por ejemplo, aunque el Gobernador anunció el mes pasado que el estado pasaría a la tercera fase de reapertura, que incluye el funcionamiento de los restaurantes a plena capacidad y la eliminación de las multas contra las personas que violen los requisitos de usar mascarillas, muchas ciudades y condados están optando por dejar en vigor esas ordenanzas en un esfuerzo por mantener la propagación comunitaria lo más baja posible”.

El Gobierno insiste en que no hay evidencia de que limitar el funcionamiento de los restaurantes sirva para contener el virus. La comparación entre los dos condados más poblados del estado es ilustrativa. Miami-Dade, que tiene 2,7 millones de habitantes, adoptó una política restrictiva en el pico de julio y prohibió a los restaurantes recibir comensales en su interior. Broward, con una población de 1,9 millones, permitió que siguieran abiertos, aunque al 50% de su capacidad. En el primero, la mortalidad es de 1.320 personas por millón; en el segundo, 777.

Estas disputas entre el estado y los condados son un elemento más a considerar para diferenciar a Florida de Suecia, que durante toda la pandemia mantuvo una política unificada. Sin embargo, la Agencia de Salud Pública del país nórdico acaba a de autorizar a las autoridades locales a formular recomendaciones específicas a sus vecinos, como no usar transporte público y evitar los encuentros sociales por un tiempo. No son medidas obligatorias, ya no que se establecieron multas, pero sí puede haber pedidos expresos de los gobiernos municipales. Upsala, donde se produjo un repunte de los contagios en los últimos días, tomó la iniciativa.

Al igual que Suecia, que registró niveles de mortalidad muy superiores a sus vecinos nórdicos, pero inferiores a muchos de los países más grandes de Europa, los resultados de Florida no destacan demasiado en la comparación con otros estados. Ni a favor, ni en contra.

A pesar de que los bares y restaurantes están funcionando casi llenos, y de que la gran mayoría de los jóvenes están yendo a las escuelas y a las universidades, los contagios cayeron drásticamente: desde finales de agosto se mantienen entre 2.000 y 3.000 por día. Por otro lado, las muertes están por debajo de las 100 desde el mes pasado y esta semana promediaron alrededor de 80 por día, menos de la mitad del máximo.

“En los Estados Unidos, a algunos estados les fue mucho peor que a otros. En Nueva York y Nueva Jersey vimos una cantidad increíble de muertes en asilos. Pero Florida, a pesar de tener una franja importante de la población que es anciana, parece haber hecho un buen trabajo en proteger las residencias y la fracción de personas que murieron es más baja que en los estados del nordeste”, dijo Bhattacharya.

En total, murieron 16.400 personas desde que empezó la pandemia, 758 por millón de habitantes. Bastante menos que las 1.720 de Nueva York, pero un poco por encima del promedio de los Estados Unidos, que es 689. Se ubica en el puesto 11 sobre las 51 jurisdicciones en las que se subdivide el país. Pero es el quinto estado más envejecido, con una edad media de 42,2 años, que se compara con 34,8 de Texas, 36,8 de California y 39 de Nueva York.

Jayanta Bhattacharya, profesor de salud pública de Stanford: “No nos tienen que preocupar 50.000 casos de coronavirus si no causan muertes”

Martin Kulldorff, epidemiólogo de Harvard: “No hay razones científicas ni de salud pública para mantener las escuelas cerradas”

Sunetra Gupta, epidemióloga de Oxford: “La cuarentena no es una respuesta solidaria porque hay muchísima gente que no puede sostener esa estrategia” /Con información de Infobae

Estados Unidos

Personas con inmunidad natural a COVID no necesitan vacuna, dice el sistema hospitalario de Michigan

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Los trabajadores del centro de salud Spectrum Health, con sede en Michigan, Estados Unidos, pueden evitar la orden de vacunación contra el COVID-19 de la empresa si demuestran que tienen inmunidad natural al virus.

“Aunque seguimos recomendando la vacunación para las personas con una infección previa por COVID-19, según esta nueva investigación, cada vez hay más pruebas de que la infección natural ofrece protección contra la reinfección por COVID-19 y los síntomas graves durante un período de tiempo”, indicó Spectrum en una declaración, según los medios locales. “Los estudios actuales no son claros en cuanto al tiempo que la inmunidad natural protege de la reinfección”.

Según la política del hospital, los trabajadores tendrán que someterse a una prueba de anticuerpos para demostrar que son inmunes.

La inmunidad natural, es decir, el hecho de que una persona contrajo COVID-19 y se recuperó, rara vez se discute en las conversaciones nacionales sobre las vacunas, aunque algunos estudios demuestran que los individuos que se infectaron previamente tienen una resistencia significativa al virus.

Los investigadores de Israel descubrieron que la infección previa ha proporcionado una mejor protección a los individuos contra la variante Delta que la vacuna de ARNm de Pfizer.

“Este análisis demostró que la inmunidad natural ofrece una protección más duradera y fuerte contra la infección, la enfermedad sintomática y la hospitalización debidas a la variante Delta”, dijeron los investigadores de Maccabi Healthcare y la Universidad de Tel Aviv.

El 11 de septiembre, el asesor de COVID-19 de la administración Biden, Anthony Fauci, dijo que otro nuevo estudio de Israel sobre la inmunidad natural desencadenó un debate entre los expertos.

“No tengo una respuesta realmente firme para usted sobre eso”, respondió Fauci a una pregunta sobre si los individuos que estaban previamente infectados deberían recibir la vacuna.

“Eso es algo que vamos a tener que discutir, con respecto a la durabilidad de la respuesta. Lo único que no dice el documento de Israel es sí, por muy alta que sea la protección con la infección natural, ¿cuál es la durabilidad en comparación con la de una vacuna?”. preguntó Fauci retóricamente. “Así que es concebible que si se infecta, usted está protegido, pero puede que no esté protegido durante un periodo de tiempo indefinido”, añadió.

Un estudio histórico de la Universidad de Emory, publicado en julio en la revista Cell Reports Medicine, reveló que los individuos con inmunidad natural muestran una protección larga y robusta contra el COVID-19, la enfermedad causada por el virus del PCCh (Partido Comunista Chino).

“Vimos que las respuestas de los anticuerpos, especialmente los anticuerpos IgG, no solo eran duraderas en la gran mayoría de los pacientes, sino que decaían a un ritmo más lento de lo que se estimaba anteriormente, lo que sugiere que los pacientes están generando células plasmáticas más longevas que pueden neutralizar la proteína spike del SARS-CoV-2”, dijo el 22 de julio Rafi Ahmed, director del Centro de Vacunas de Emory y autor principal, al Centro de Noticias de Emory.

Fuente: The Epoch Times

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Florida

Explosión en un casino de Florida más de 20 personas heridas

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Más de dos docenas de personas resultaron heridas en un casino de Florida el lunes después de que una pieza de equipo de extinción de incendios explotó dentro del edificio, dijeron las autoridades.

La explosión en el Seminole Classic Casino en Hollywood ocurrió mientras los trabajadores contratados estaban revisando el sistema en una sala de equipos en el segundo piso. Una investigación preliminar encontró que una de las líneas que conducían a un bote de gas se rompió abruptamente justo antes de las 10 am, enviando escombros y un panel de yeso a la planta baja, donde estaban los clientes.

Al menos seis personas fueron llevadas a un hospital con heridas que no ponen en peligro su vida y otras 20 fueron tratadas en el lugar, dijo el portavoz de la Tribu Seminole, Gary Bitner, a los periodistas en el lugar. Algunos de ellos eran clientes que estaban en la planta baja, pero no estaba claro de inmediato quién sufrió las peores lesiones.

“Tuvimos mucha suerte de que las lesiones fueran principalmente mínimas”, dijo Bitner. “Y, obviamente, nos aseguraremos de entender exactamente lo que sucedió para que nunca vuelva a suceder”.

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Estados Unidos

A 20 años después de la caída de las Torres Gemelas, Estados Unidos cierra el círculo

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Cuando los secuestradores de al-Qaeda mataron a casi 3.000 personas el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos asumió instantáneamente una nueva misión cuando una nación furiosa y temerosa se unió en torno a la “guerra contra el terrorismo” del presidente George W. Bush que aniquilaría el resto de la agenda internacional. .

Veinte años después, el mundo se ha transformado. Un enfoque abrumador en el terrorismo ha dado paso al cansancio de las “guerras para siempre”; Días antes del aniversario del 11 de septiembre, militantes talibanes que habían sido rápidamente derrotados después de los ataques de 2001 recuperaron el poder en Afganistán en medio de la retirada de Estados Unidos.

“Podemos cerrar el círculo”, dijo Mark Green, ex embajador de Estados Unidos y jefe de ayuda, por temor a un resurgimiento de áreas sub-gobernadas desde las que los extremistas pueden operar.

En opinión del presidente Joe Biden, y en gran medida de sus dos predecesores, las guerras de Bush han sido costosas distracciones de una amplia competencia con una China en rápido crecimiento, a la que consideran mucho más probable que las bandas de islamistas violentos desafiar el dominio de Estados Unidos. en el siglo 21.

Bush, con el respaldo incondicional de Gran Bretaña, procedió en 2003 a invadir Irak, desafiando algunas de las protestas más grandes del mundo occidental en los tiempos modernos mientras prometía eliminar las armas de destrucción masiva que nunca se materializaron.

Durante y despues del 11/Sep

Pero la “guerra contra el terror” fue mucho más allá, incluso después de que el sucesor de Bush, Barack Obama, dejó de usar el término cargado.

Una amplia autorización de uso de la fuerza aprobada casi por unanimidad por el Congreso días después del 11 de septiembre, como dijo Bush, “o estás con nosotros o estás con los terroristas”, se ha utilizado para justificar ataques en 19 países, con un aumento del gasto en defensa que ayudó Estados Unidos perfecciona la tecnología de drones que lo convierte en el único país con capacidad para atacar prácticamente en cualquier parte del mundo.

¿Funcionó? Estados Unidos ha evitado otro gran ataque terrorista, el líder de al-Qaeda Osama bin Laden fue perseguido en Pakistán, el brutal dictador iraquí Saddam Hussein ya no existe y Afganistán, al menos hasta ahora, disfrutó de avances sociales, incluidos los derechos de las mujeres.

Pero más de 800.000 han muerto, encabezados por civiles iraquíes y afganos, a un costo de más de 6,4 billones de dólares para Estados Unidos, según un estudio de la Universidad de Brown a finales de 2019. Y a escala mundial, los ataques terroristas no han terminado, pero han aumentado considerablemente desde el 11 de septiembre.

‘Todo ha cambiado’

Días antes del 11 de septiembre, Bush pasó el Día del Trabajo visitando el distrito de Green, entonces un joven congresista de su Partido Republicano. Después de un comienzo lento en su presidencia, Bush le dijo a Green que sus tres prioridades serían los impuestos, la educación y la energía.

La próxima vez que hablaron en octubre, Green le recordó al presidente la conversación. Bush, recordó Green, “negó con la cabeza lentamente y dijo: ‘Todo eso salió volando del agua'”. 

“De repente, es un presidente en tiempos de guerra y todo ha cambiado”, dijo Green, ahora presidente del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson.

Green reconoció que Biden estaba en sintonía con los cambios consiguientes en la opinión pública. Pero Green dijo que los líderes estadounidenses podrían haber presentado un caso mejor.

“A raíz del 11 de septiembre, creo que el mundo en general se despertó ante los peligros del extremismo violento. Pero si miras hoy y, por supuesto, tenemos una generación de jóvenes que no lo saben, para quienes esto es historia “, dijo Green.

“Y una cosa en la que no somos muy buenos es recordarle a la gente por qué hacemos lo que hacemos”, dijo. 

“Estados Unidos es un faro de esperanza, es un concepto ambicioso. No es simplemente un territorio; es un conjunto de ideas y la gente se une a esas ideas cuando las expresamos claramente y apoyamos a los demás”.

Marsin Alshamary, mirando desde Irak, también ve un cambio generacional, pero percepciones muy diferentes de Estados Unidos.

Los ataques del 11 de septiembre “encendieron dos guerras en la región que cambiarían para siempre el equilibrio de poder en la región y cuyas reverberaciones continúan hasta el día de hoy y continuarán en el futuro”, dijo Alshamary, un académico con sede en Bagdad en Kennedy de la Universidad de Harvard. Colegio.

El grupo Estado Islámico, que ha librado una campaña genocida contra las minorías musulmanas no sunitas y atraído a reclutas europeos que regresaron a casa para llevar a cabo brutales ataques, se levantó en Irak y la vecina Siria después de que Obama retirara las tropas enviadas por primera vez por Bush.

Para muchos en la región, dijo Alshamary, Estados Unidos no es visto principalmente como un campeón de la democracia, sino como el adversario de Irán, un estado musulmán chiíta que, paradójicamente, ganó terreno después de que Estados Unidos eliminó a su némesis Saddam y los talibanes.

“El 11 de septiembre es un momento importante en la memoria pública estadounidense, pero ese no es el caso en el Medio Oriente”, dijo. “No olvides que la región es joven y cómo realmente solo conoce este tipo de América”.

Un legado diferente de la posguerra

John Bolton, una de las principales figuras de la política exterior bajo Bush y un abierto defensor de la soberanía de Estados Unidos que luego se desempeñaría como asesor de seguridad nacional de Donald Trump, dijo que entendía la frustración pública por los costos financieros de la guerra.

Estados Unidos, dijo, nunca debería haberse propuesto una “construcción nacional” que estaba condenada al fracaso. Pero desafió la noción de que los ciudadanos estadounidenses rechazarían instintivamente los compromisos militares a largo plazo, señalando la amplia aceptación de mantener las tropas estadounidenses en Europa, Japón y Corea del Sur para mantener el orden desde las secuelas de la Segunda Guerra Mundial.

“Veinte años es una gota en el agua. Pero los sucesivos presidentes estadounidenses, ciertamente Obama, Trump y Biden, no están de acuerdo con eso”, dijo Bolton. “Y por eso no han explicado por qué la defensa avanzada es una forma de seguro y que es mejor defenderse de la amenaza terrorista en Afganistán que en las calles y los cielos de Estados Unidos”.

Sobre Afganistán, dijo que el impulso de Estados Unidos para crear un gobierno central fuerte, visto por los defensores como un requisito para construir un ejército nacional, era ajeno a las tradiciones del país.

“Mucho de eso no ha funcionado porque no iba a funcionar”, dijo Bolton. “Si acaba de decir, para empezar, está bien, no tendremos un gobierno central fuerte, tendremos señores de la guerra con una capacidad significativa que puedan patear el trasero a los talibanes cuando sea necesario, tal vez eso funcione. Pero no lo intentamos. “

¿Había otra forma?

Biden, cuyo difunto hijo Beau sirvió en Irak, ha argumentado él mismo que las tropas estadounidenses no están desplegadas para poner a las niñas en la escuela, un logro que se cita a menudo en Afganistán después de la derrota de los talibanes en 2001 y su estilo draconiano del Islam.

Pero después del 11 de septiembre, dominó otra concepción del poder estadounidense. 

Andrew Bacevich, un historiador que en 2019 cofundó el Quincy Institute for Responsible Statecraft, un grupo de expertos que aboga por la moderación militar, dijo que el establecimiento de la política exterior estadounidense de hace 20 años estaba consumido por la “arrogancia ideológica”.

El colapso de la Unión Soviética había dado lugar a conversaciones sobre una superpotencia solitaria a largo plazo y, en las famosas palabras de Francis Fukayama, “el fin de la historia” con la democracia liberal victoriosa.

Bacevich dijo que Estados Unidos también se veía a sí mismo como militarmente invencible a raíz de la Guerra del Golfo de 1991, la aplastante primera derrota de Saddam Hussein después de invadir Kuwait.

“La arrogancia y el militarismo, diría yo, llevaron a Bush y a quienes lo rodeaban a ver el 11 de septiembre como un insulto imperdonable, por un lado, pero también como una gran oportunidad que ahora podríamos afirmar más allá de la sombra de un dudo de lo que realmente significan el fin de la Guerra Fría y la guerra de Irak de 1991 “, dijo Bacevich. “Ese fue un terrible error de juicio por el que creo que todavía estamos pagando”.

Para Bacevich, Estados Unidos podría haber respondido al 11 de septiembre no con una guerra global, sino con una operación policial específica para responsabilizar a los perpetradores.

Los miembros del Talibán intentaron negociar una rendición en noviembre de 2001, un mes después del asalto estadounidense. Pero el secretario de Defensa de Bush, Donald Rumsfeld, rechazó cualquier acuerdo de ese tipo, diciendo que Estados Unidos no quería que Al Qaeda o los talibanes armados se escapen.

En cambio, la guerra continuaría durante 20 años hasta una victoria de los talibanes. 

¿Cuánto ha cambiado?

Elie Tenenbaum, investigador del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, dijo que Bush creía falsamente que la empatía internacional por Estados Unidos después del 11 de septiembre perduraría, incluso cuando Bush en 2002 prometía enfrentarse a un “Eje del Mal” de Irak. , Irán y Corea del Norte, tres naciones sin conexión con los ataques.

“La imagen de Estados Unidos nunca dejó de decaer”, dijo.

La reputación de Estados Unidos también se vio afectada por la apertura de una prisión para sospechosos de terrorismo en la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo, Cuba, un lugar elegido para privar a los acusados ​​de las protecciones constitucionales de Estados Unidos y que inicialmente tuvo un apoyo público abrumador de Estados Unidos.

Solo quedan unos 40 reclusos, pero la prisión permanece abierta, a pesar de que Obama recién elegido prometió cerrarla dentro de un año.

“Operacional y estratégicamente, la guerra contra el terrorismo de 2001-2002 había logrado en parte su objetivo. Al-Qaeda estaba muy debilitada y no ha habido ataques de la escala del 11 de septiembre”, dijo Tenenbaum, coautor de un libro sobre los 20 años de guerra.

Pero en todo el mundo, dijo, hay dos o tres veces más yihadistas radicales identificados ahora que en 2001 y el número de ataques y víctimas se ha triplicado.

Incluso cuando la “guerra contra el terrorismo” parece disminuir y la atención se dirige a China, Bacevich se pregunta cuánto ha cambiado.

“Es realmente un cambio hacia un nuevo escenario en el que se reanudará el esfuerzo por preservar o restaurar la primacía estadounidense y donde el problema se definirá una vez más en términos militares”, dijo. “Entonces, en ese sentido, no, las cosas no han cambiado tanto”.

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